Etapa 7: La comunicación:

Es la última etapa antes de la ejecución del proyecto. Comunicamos lo que ya somos y tenemos, para reforzar nuestros valores y minimizar nuestros puntos débiles. Sin embargo cuando llegamos a esta etapa ya hemos realizado una gran parte de la comunicación mediante:

  • Los materiales constructivos, la fachada
  • Las texturas
  • Los colores
  • Los alicatados y pavimentos
  • La organización del lay-out
  • El mobiliario
  • Las secciones, los productos, los precios, el personal

Por lo tanto se tratará de explicar i reforzar los contenidos. Si no hemos trabajado suficientemente los contenidos podemos caer en la inconsistencia y la superficialidad, en la imitación y en la despersonalización, y el consumidor inconscientemente se da cuenta de esta contradicción.

La parte gráfica será de valor si es el reflejo de los contenidos. Por ejemplo: si apostamos por una política de productos regionales para ser identificados como “los de casa” deberemos tener una suficiente cantidad de productos que avalen nuestra aspiración.

productos locales

Otro ejemplo: si nuestro compromiso es con la salud será necesario explicar cuál es nuestro concepto de salud y crear líneas de información sobre aquellos aspectos de los productos que lo refuercen.
Igualmente para cualquier otro concepto: los productos orgánicos, los productos infantiles, los productos para diferentes dietas, o los productos de mejor precio recomendados por el establecimiento. Así creamos líneas de comunicación permanente en todo el establecimiento que dan sentido a nuestra presentación, por ejemplo:

Otro aspecto de la parte gráfica es la información indicativa. Aquí podemos describir el producto específico o la necesidad que cubre este producto o grupo de productos. Para enfocar toda la empresa hacia la venta y el servicio del consumidor puede ser conveniente redefinir el surtido y la propia nomenclatura de familias y secciones para ser más útiles a nuestro consumidor. Las nuevas definiciones se establecen a partir de las necesidades del consumidor agrupando los productos por utilidad, y de este modo también facilitar-le ahorro de tiempo y rapidez en la localización de productos. El surtido bien definido se convierte en una estrategia competitiva de primer orden.